The day it was windier than ever...
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by my side
En 2015, cuando entré a mi primer año de secundaria, mi fanatismo por el entretenimiento japones estaba comenzando a florecer: anime, manga, 'otomes', cd dramas, idols virtuales, live-actions, obras de teatro… ¡Era un nuevo mundo por descubrir! Una amiga del taller de Diseño Gráfico me recomendó la serie. Aomine Daiki no era mi personaje favorito, incluso lo detestaba; mi favorito era Murasakibara Atsushi y lo fue por un par de años.
En 2017, fui cambiada de grupo por razones de conducta. Mi orientadora decidió enviarme al mismo salón que mis amigas del taller de Diseño Gráfico, consideró que serían una buena influenza ya que tenían mejores calificaciones que yo. Estábamos fuertemente interesadas en el baloncesto desde las vacaciones, así que decidimos volver a mirar «Kuroko no Basket». No esperaba cambios sobre mi opinión e interpretación sobre esta obra: Aomine Daiki ya no era sólo un personaje ficticio favorito del momento, ya no era sólo una ilustración 2D, sino un complejo polígono con diversas caras, perspectivas, características, interpretaciones... cada aspecto merecedor de atención, análisis, estudio y fanatismo. De repente, había mucho que explorar de él y dio partida a mi necesidad de desarrollar el sentido de análisis estético, conceptual y narrativo.
Desde entonces, releo «Kuroko no Basket» una vez cada año. Es una sensación cálida ver a Aomine Daiki directamente en el formato donde se creó y desarrolló. No es el Aomine Daiki que está en mi cabeza y me esfuerzo por comprender e interpretar, es el auténtico. Es el que nació y vive en la mente de su creador. El Aomine Daiki que Tadatoshi Fujimaki. se esforzó por crear, ilustrar y caracterizar. Es la versión más pura de mi amado, la que hizo enamorarme de él.